CONDENA
El silencio de la cripta era espeso, como si las paredes mismas se hubieran tragado cada sonido, cada aliento. Talon apoyó la frente contra la piedra fría y dejó que la memoria le mordiera. Sissy. El nombre aún le latía en la boca como un rezo. La noche en que ella lo tomó no había sido un final, ni siquiera un comienzo. Había sido un incendio que borró todo lo que conocía y lo dejó desnudo ante lo que ahora era: hambre, sed, deseo hecho carne. Recordaba el pulso de su sangre, ese tambor sordo que lo acompañaba como una música de fondo. Ahora estaba apagado, lejano, como si alguien hubiera cerrado la puerta a esa melodía. ¿Qué significaba? ¿Acaso Sissy lo había marcado solo para soltarlo después, como una sombra más en el mundo de los muertos? Pensó en el sexo, en la piel, en las noches humanas que parecían tan urgentes. Ahora se preguntaba si importaban. Lo que vibraba en su garganta no era lujuria, sino sed. Lo ...